El refrán, nadie da de lo que no tiene, es un proverbio que enfatiza la idea que para poder ayudar o dar a otros, primero debemos tener la capacidad de hacerlo. Esto implica, que, si no poseemos ciertas cualidades, como amor, compasión o recursos, no podemos esperar que otros las tengan o que puedan darlas. V 6 a “Mas Pedro dijo: No tengo plata ni oro.”
Estas palabras se las estaba diciendo a alguien que mendigaba
y que estaba acostumbrado a que las personas le dieran plata, su único deseo
era recibir dinero de todos los que pasaban a su lado. V 2 “Y era traído un hombre cojo de
nacimiento, a quien ponían cada día a la puerta del templo que se llama la
Hermosa, para que pidiese limosna de los que entraban en el templo.”
Si este individuo lo único que deseaba de pedro era dinero y
pedro le dijo que no tenía, entonces, que tenía que le pudiera ofrecer.
Gracias a su buena relación con Jesucristo a través de la
oración constante todos los días, Pedro podía ofrecerle, fe y confianza para
que Jesucristo le diera sanidad, algo que no podía conseguir con todas sus
limosnas. V 6 b “pero lo que tengo te
doy; en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda”
Pedro era alguien que se metía en oración todos los días de
manera disciplinada. V 1 “Pedro
y Juan subían juntos al templo a la hora novena, la de la oración.”
Pedro y juan tenían una hora determinada donde se olvidaban de cualquier otra
actividad para dedicarse a la labor maravillosa de intercesión, oraban en
conjunto todos los días.
Todo cristiano que mantiene una vida de oración y servicio
constante con Jesucristo tiene el privilegio de interceder por los demás para
que Jesucristo a través de su misericordia y de acuerdo a su voluntad obre con
poder.
Nadie puede ofrecer paz si en casa corrige a sus hijos a
gritos y sombrerazos, y no hay quien pueda cuidar o dirigir a otros si no se
cuida y se dirige adecuadamente a sí mismo. Mateo 22: 39 “Y el segundo es semejante: Amarás
a tu prójimo como a ti mismo.”
Nadie puede amar a los demás de manera sincera, si primero no
lo ha experimentado en su vida, si nosotros nos amamos podemos desear el bien
para los demás que es una manifestación del amor.
Nadie puede ofrecer paz si en casa corrige a sus hijos a
gritos y sombrerazos, y no hay quien pueda cuidar o dirigir a otros si no se
cuida y se dirige adecuadamente a sí mismo.
Para ofrecer algo a los demás primero lo debes tener dentro
de ti. Esto significa que, si no puedes brindar amor, felicidad o generosidad,
no puedes esperar que otros lo hagan por ti.
Es una lección sobre la importancia del auto amor y el
crecimiento personal. ya que, si no te amas a ti mismo, no podrás ofrecer lo
mismo a los demás, Además, esta frase resalta la necesidad de cultivar
cualidades positivas en uno mismo antes de poder influir en los demás.
Es necesario que permitamos a Jesucristo que llene nuestro
ser y nuestro corazón de lo que el considere necesario para que podamos dar a
los demás.
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